Participación en la III Cumbre Empresarial Unión Europea
Sr. Enrique Iglesias, Secretario General de
Sr. Mario Pezzini, Director del Centro de Desarrollo de
Sr. Soumitra Dutta, Decano de Relaciones Externas de Insead (Instituto Europeo de Administración de Negocios)
Sr. Javier Santiso, Director de
Sr. Francisco Blanco, Jefe de gabinete de Telefónica de España
Sr. Flora Montealegre, Directora de Ciencia y tecnología del BID (Banco Interamericano de Desarrollo)
Estimados representantes del sector empresarial:
Hace doscientos años se conmovía el mundo iberoamericano, en el umbral de una extraordinaria transformación. En Cádiz las Cortes derrumbaban el absolutismo, y en muchos lugares de América se daban los primeros gritos de independencia. A ambos lados del Océano se trataba de construir la libertad, de cimentar los derechos de las personas, de hacer que, sin extremismos, nuestras sociedades pudieran ser a la vez democráticas y prósperas.
Para millones de latinoamericanos, la meta del desarrollo sigue siendo eso: horizonte, sueño, lejanía. Aunque la mayoría de nuestros países vive en democracia, y pocos discuten las virtudes del pluralismo y la libertad, aun está distante la hora en que podamos hablar de desarrollo sostenible sin esa connotación de proyecto y no de realidad. Y mientras no lo consigamos, habrá siempre algún despotismo, algún totalitarismo, algún fanatismo dispuesto a alzar bandera.
América Latina y el Caribe son tierra de gente joven. Eso constituye uno de sus más valiosos activos. Pero esa juventud corre el riesgo de transcurrir entre dificultades y tragedias, y agotarse prematuramente, perdiendo sus capacidades y potencialidades ante una realidad social, económica y ambiental tan ingrata como injusta. Mientras que en los países miembros de
No fue esto lo que soñaron los próceres, ni en Cádiz ni en
Para un cambio de rumbo, hoy debemos ser capaces de combinar armónicamente dos factores esenciales. Una política gubernamental a favor de un desarrollo que potencie el valor del recurso humano y que incentive la iniciativa privada y la creatividad individual, y un empresariado dispuesto a incrementar sus niveles de productividad con base en la innovación. En la permanente y dinámica interacción de ambos está la clave del éxito de muchas sociedades desarrolladas. Por eso considero que debemos enfocar nuestros esfuerzos en ciertas áreas clave, como la educación, la inversión en investigación y desarrollo, y la creación de un clima de negocios que propicie el fortalecimiento de la iniciativa privada.
Hace poco más de una semana asumí la presidencia de Costa Rica. Esta cumbre empresarial es una de las primeras jornadas internacionales en las que participo como gobernante de mi país. Y me parece tan simbólico como significativo que el tema de nuestra conversación de hoy se refiera a la capacidad de innovar de América Latina, porque la innovación es uno de los ejes que mi gobierno considera fundamentales para el desarrollo de Costa Rica y de la región latinoamericana y caribeña en su conjunto.
En mi mensaje inaugural tuve la oportunidad de hablar a mis compatriotas sobre los retos que debemos enfrentar, si queremos alcanzar la meta de convertirnos en uno de los primeros países desarrollados de América Latina. Recordé que si nos lo proponemos, podemos avanzar hacia mayores niveles de bienestar y prosperidad, teniendo como base nuestras dos grandes riquezas de siempre: la inteligencia de nuestra gente y la generosidad de nuestro medio ambiente. Manifesté que, para avanzar hacia el futuro, deberemos trabajar por una Costa Rica más innovadora, más inteligente y más emprendedora. Una Costa Rica que se adentre de lleno en la sociedad del conocimiento y de la innovación, que es la única vía posible y sostenida hacia el desarrollo.
Hice estas afirmaciones fundamentada en una historia de éxitos, que ha hecho de Costa Rica uno de los países latinoamericanos con mejores índices de desarrollo humano y que en los últimos dos decenios ha sido capaz de incursionar con satisfactorios resultados en sectores de alto valor agregado. No se trata de que hayamos superado todos los obstáculos. Seguimos teniendo importantes carencias en muchos ámbitos, y nuestra sociedad sigue enfrentando realidades de pobreza, desigualdad, inseguridad ciudadana y daño ambiental, entre otros problemas. Pero creemos que nuestra experiencia demuestra que sí es posible en América Latina y el Caribe avanzar hacia un desarrollo cada vez más sustentado en el conocimiento y la innovación.
Desde épocas tempranas de nuestra vida como país independiente, el aporte de ciudadanos visionarios nos permitió ir construyendo una nación de personas educadas que entendieron el valor de la ciencia y del conocimiento en las tareas del desarrollo.
Allá por el decenio de 1840, cuando Costa Rica apenas empezaba a ensayar la vida de nación soberana, un joven llamado José María Castro Madriz, quien antes de cumplir los treinta años de edad fue el primer Presidente de
“Triste del país que no tome a las ciencias [y a la técnica] por guía en las empresas y trabajos. Se quedará postergado, vendrá a ser tributario de los demás y su ruina será infalible porque en la situación actual de las sociedades modernas, la que emplea más sagacidad y saber debe obtener ventajas seguras sobre las otras.”
Consecuente con este pensamiento, desde fecha temprana Costa Rica hizo de la educación un derecho universal, costeado por el Estado. Gracias a esta sabia decisión, el país logró alcanzar altos niveles de escolaridad y prácticamente erradicar el analfabetismo, tanto de los varones como de las mujeres. Las políticas educativas se fueron complementando con inversión en salud y seguridad social, lo que permitió al país en los últimos tres decenios del siglo pasado alcanzar índices de desarrollo humano que en muchos aspectos son comparables con los de las sociedades del primer mundo.
El compromiso costarricense con la educación y la inversión en el recurso humano se mantiene hasta el día de hoy. Ante los riesgos de la deserción estudiantil se ha emprendido recientemente un amplio programa de transferencias monetarias condicionadas para estudiantes en situación de vulnerabilidad económica, iniciativa que ha permitido revertir las cifras de abandono escolar.
Costa Rica ha tomado conciencia, además, de que los retos de la educación trascienden la preocupación meramente cuantitativa y que es fundamental velar por su calidad y pertinencia. Comprendimos que la educación debía promover el desarrollo de las competencias y las capacidades de las personas, para que éstas puedan agregar cada vez mayor valor a todo lo que hacen, mediante la creatividad, la imaginación y la innovación.
Con esta perspectiva, desde hace más de veinte años se han puesto en marcha programas para impulsar la informática en las escuelas de todo el país y el aprendizaje de una segunda lengua. Gracias a los esfuerzos sostenidos, al día de hoy, el 82% de quienes cursan la primaria en el sistema educativo estatal tiene acceso a un laboratorio de cómputo con servicio de internet, y trabajamos para que en el año 2017, el 100% de quienes se gradúen de la educación secundaria cuente con un nivel intermedio de inglés. A estas destrezas estamos agregando, el fortalecimiento de la lógica en la enseñanza de
A las políticas sociales que logramos desarrollar, se sumó un clima de paz y estabilidad política al que mucho ha ayudado la decisión de abolir el ejército como institución permanente, hace ya más de sesenta años. Pero también ha sido muy positiva para el crecimiento sustentable del país la política de apertura económica sin retroceso en lo social.
Hace medio siglo, Costa Rica tenía una economía fundamentalmente agropecuaria, con una industria y un sector de servicios apenas en pañales. Se exportaban dos o tres productos agropecuarios y se importaban mercaderías manufacturadas, y vivíamos prácticamente al vaivén de los precios internacionales del café, el banano, la carne o el azúcar. Nuestra primera gran apuesta para salir de ese modelo fue la integración económica centroamericana, que a pesar de las enormes limitaciones que enfrentaba y sigue enfrentando nuestra región, transformó sustancialmente las economías de esos países. Hoy, esas mismas naciones están en medio de una compleja negociación con
La política integracionista se complementó en Costa Rica, desde hace tres decenios, con un fortalecimiento de la apertura económica, gracias al cual el país logró duplicar en dos décadas su Producto Interno Bruto per cápita, diversificar ampliamente sus productos y mercados de exportación.
Adicionalmente, y a partir de una dinámica política de atracción de inversiones, Costa Rica ha llegado a ser uno de los tres países con más inversión directa per cápita en América Latina. Buena parte de esa inversión proviene de Europa y muy especialmente de España.
Los resultados de estos esfuerzos se reflejan en las posiciones que ha alcanzado Costa Rica en una serie de aspectos. En exportación de alta tecnología ocupamos el primer lugar en América Latina y el cuarto en el mundo; somos un país al que no solo se conoce por su café, sino también por sus microchips. Ocupamos el segundo lugar en América Latina como exportador de software y el quinto lugar en inversión extranjera directa per cápita en el mundo. Además, estamos trabajando para desarrollar un dinámico conglomerado de energías limpias y poder convertirnos así en el primer país del mundo capaz de producir la energía que consume de fuentes 100% renovables.
No obstante estos avances, estamos conscientes de la importancia que entre los pilares de la competitividad reviste una economía sustentada en la innovación. Y consolidarla requiere del concurso y el entusiasmo tanto de las autoridades como de la academia, los centros de investigación y los sectores productivos.
Conscientes de estos retos, durante mi administración esperamos desarrollar un robusto programa de mejoramiento de la competitividad de la economía costarricense. Hemos creado un Consejo Presidencial para
Desde la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo, don Enrique Iglesias, hoy Secretario General de
“Para alcanzar el desarrollo sostenible en la región, es esencial la participación concertada del Estado moderno, capaz de asumir eficazmente sus responsabilidades, junto con la empresa privada, como agente clave en la asignación de los recursos económicos, y con una sociedad civil educada, respetuosa de las diferencias culturales y de la igualdad de género… Basados en esta trilogía –Estado/empresa privada/sociedad civil–, podremos aspirar a un crecimiento de la producción y del ahorro interno, que brinde oportunidades para mejorar el bienestar durable de las grandes mayorías, conservando a la vez las bases de nuestra heredad natural y cultural.”
Como mencioné antes, la región centroamericana está concluyendo negociaciones para la suscripción de un Acuerdo de Asociación con
Señoras y señores:
Hace casi doscientos años, en este suelo ibérico se alzó en Cádiz la voz del diputado costarricense en las Cortes, don Florencio del Castillo. Pedía el representante de la provincia de Costa Rica que se abolieran todas las formas de trabajo forzoso del indígena en
“… entre las propiedades de un ciudadano, la más sagrada es la de su misma persona, por la cual puede hacer valer sus facultades, sin que nadie pueda impedirle su uso impunemente. A no ser así, ¿qué importaría que la sociedad respetase nuestros bienes si no respetase de la misma manera nuestras personas?”
A pesar de la insignificancia de su provincia, modestísima y remota, don Florencio logró que su iniciativa tuviera éxito, que despertasen las conciencias y que las Cortes extinguieran toda la legislación que atropellaba al indígena. Hoy debemos hacer un nuevo llamado para el despertar de las conciencias, tanto en Europa como en América Latina y el Caribe. La propiedad más sagrada de un ser humano sigue siendo su propia persona, y es nuestro deber solidario trabajar para que cada una de esas personas sea capaz de crecer y desarrollar al máximo sus capacidades y talentos.
Por modestas que sean sus circunstancias, toda persona, en cuanto ser que aprende, está siempre en capacidad de convertirse en artista de la transformación: puede buscar espacios de apertura, renovar su vida y la de su comunidad y hacer historia. Porque la historia no se hace solo con grandes talentos políticos o científicos sino también con la iniciativa de las personas emprendedoras, el compromiso ciudadano y el cultivo de la solidaridad. Se hace historia cada vez que alguien emprendedor desarrolla nuevas maneras de hacer frente a los desafíos de la vida, los transforma y abre nuevos mundos, con mejores perspectivas para que otras personas logren mayor armonía con sus semejantes y con el planeta único que habitamos.
Les invito a que unamos esfuerzos para intentarlo, a través del impulso a la innovación.
Muchas gracias.
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